Publicado: 4 de Mayo de 2016

En España el uso de sujeciones físicas en mayores y dependientes está cerca del 40%. Hay que cambiar la cultura del cuidado


¿Cómo te sentirías si estuvieras atado a alguna sujeción la mayor parte del día? Pues muchos de nuestros mayores lo están. Según  uno de los pocos estudios comparativos  entre países, en España el uso de sujeciones fisicas como práctica habitual en el cuidado de personas mayores y dependientes está cerca del 40%, y sube del 60 al 80% en los casos de demencia o enfermedad mental. Mientras, la utilización de estos métodos en Dinamarca está en torno al 2% y en el Reino Unido o Alemania no supera el 5%.

"Existe en la sociedad una falta de sensibilidad y valoración de las personas mayores y las personas dependientes", opina la doctora Ana Urrutia , creadora de un modelo innovador y pionero para la dignificación y mejora de la calidad de vida de estos colectivos. "Esta apatía deriva en una falta de demanda de modelos de cuidado distintos a los actuales, más allá de la atención médica y procedimientos de seguridad. Un indicador de esa mecanización del cuidado es el uso de sujeciones físicas y químicas como práctica habitual”, señala Urrutia.

A la vista de las diferencias con otros países de Europa, sus conclusiones parecen evidentes. ¿Por qué aquí creemos necesario sujetar a una gran parte de nuestros mayores y allí no? “El paciente vive indignamente que le sujeten”, considera la especialista. “Nos encontramos en una sociedad en la que en general, a las personas mayores y dependientes se las ve de manera peyorativa, como un coste o un gasto y esto hace que no les atendamos suficientemente, e incluso seamos negligentes".

La doctora opina que muchas de nuestras instituciones anteponen "la eficacia y eficiencia de la institución" al bienestar de la persona atendida. "Llega un momento que los equipos no se dan cuenta, y no empatizan con la persona a la que están cuidando”.

Y por apatía, la sociedad no se cuestiona ese modelo. Así que los profesionales están formados en aspectos técnicos y no emocionales. Como dice Urrutia, "el déficit no lo tiene el paciente, son los equipos y las instituciones”. Incluso muchos de los familiares se niegan cuando se les propone liberar a los pacientes de las ataduras. "¿Y si se cae?".

El empuje de Urrutia por liderar esta batalla viene de su propia experiencia en la dirección de una residencia para mayores, cuando un familiar de un paciente le preguntó por la razón del uso de las ataduras. Se dio cuenta de que nunca se lo había cuestionado. Así que enfrentada con la realidad y enfadada consigo misma, no paró hasta encontrar una solución.

Una vez hallada, contempla con cierta rabia cómo después de haber demostrado por activa y por pasiva que un modelo sin sujeciones posible, mejor y más eficiente a largo plazo, muchas de las instituciones, reguladores y familias siguen prefiriendo las ataduras. "¿Y qué más tengo qué hacer?", clama Urrutia.

El uso de sujeciones no está considerada como una mala práctica médica y procede de los cuidados psiquiátricos. Tiene un sentido preventivo para que los pacientes no se caigan o se hagan daño a sí mismos y prioriza, sobre todo, la seguridad. La idea es que sujetar es una forma de cuidar.

Pero en la Fundación Cuidados Dignos, creada por la doctora Urrutia, creen que es un gran atentado contra la dignidad de los pacientes y que puede causar grandes problemas físicos y psicológicos. Por eso su modelo pone por delante esa dignidad. “Se le protege de otra manera, poniéndole en el centro de toda la operación”.